Un cielo azul infinito…

 

¿Será índigo o Francia? Tantos tipos de azules… Yo no sabía distinguirlos hasta que llegué a esta playa. Clavé mis aletas en la arena y me quedé las gafas de buceo en la mano para preparar el snorkel. Entonces comprendí la paleta de colores y la distinción entre colores de la misma gama. Porque hay azules y azules. Creo que el del cielo es índigo, de lo que estoy seguro es que el azul del agua es azur. Azul azur… parece un trabalenguas. Sonrío.

 

Entonces cogí mi móvil e inmortalicé ese mar y ese cielo y todos esos azules que se entremezclaban y difuminaban y modificaban entre ellos mecidos por las olas y por el viento, leve, pero presente, lo suficiente para que el sol no abrase mi piel.

 

Me pongo en pie. Me pongo las gafas en la cabeza, cuando llegue al agua las humedeceré para que no se empañen. Recojo las aletas, sacudo la arena y hundo mi talón en la arena a cada paso que doy rumbo al agua. Voy a zambullirme y pasaré las próximas 8 horas saliendo del agua solo para descansar y reponer energía comiendo algo.

 

Cada inmersión hará que deje atrás todas mis preocupaciones. La ingravidez será el mejor remedio contra el estrés. La naturaleza hará el resto coloreando el fondo marino con mil colores diferentes.

 

Ese pulpo… estiro mi mano y siento las teclas del teclado en las yemas de mis dedos. Ninguna ventosa. Ni una burbuja, no percibo humedad alguna… parpadeo. Adiós magia.

 

Adiós ingravidez. Fuera brisa marina. No siento el yodo impregnado en mi piel. Ni huelo la sal del mar. Pero ahí siguen los azules… Ahí están mis aletas y ahí está mi refugio.

 

Miro la foto enmarcada en la pared de mi oficina. El mismo día en que llegué a esa playa paradisíaca supe que pasaría a formar parte de mi vida. Que se convertiría en mi evasión en las tardes eternas de oficina. Ese mismo día hice esta foto.

 

La miro, enmarcada, en frente de mí. Todos rieron cuando llegué en septiembre con la foto enmarcada. Parece que esa foto la hice hace eras y eras, en mi primer día de vacaciones. Lo cierto es que no llevo la cuenta de los días que han pasado volviendo a fichar por la mañana. Pero sí sé que donde mis compañeros miran y ven una playa de ensueño yo veo una ventana, una puerta, que se abre y me permite zambullirme en la nostalgia de un mar plácido que me arropa con sus olas. Adiós preocupaciones.

 

Al volver a casa entré en Framestories. Busqué el marco adecuado para esta foto. Sin duda “Coco”, por su blancura.

 

En Framestories puedo diseñar mi marco para enmarcar mis fotos favoritas.

 

No sabré poner nombre al azul que me enamoró, pero sí sé que en Framestories puedo poner un marco a mi recuerdo y llevármelo conmigo para el resto de mis días. Esa playa es mi playa. Mi arena y mi cielo. Es mi refugio para huir de las prisas. Es un viaje en el tiempo…

 

Aunque tiempo es precisamente lo que ellos me ahorraron. No tuve más que elegir el marco deseado. Me dieron la opción de poner paspartú o no, ese segundo marquito, o relieve sobre el que reposa la foto y da más profundidad… hice las pesquisas comparando con y sin y a al final fue con. Inserté la foto y ellos me la imprimieron, me la enmarcaron y me la trajeron a mi casa.

 

Aunque he de confesaros que la foto enmarcada de la oficina es de tamaño normal… si vierais la que tengo en el salón de mi casa, de mi casa recién comprada, por cierto, con Prontopiso… con la misma foto, pero de 1m de ancho… en esta escucho hasta a las gaviotas.

 

Sonrío.

 

Miro la foto enmarcada.

 

Un cielo azul infinito…