Hoy vamos a tocar un tema que seguro traerá de cabeza a muchos padres…

Cuando tienes más de un hijo… ¿Compartirán habitación?

Para esta respuesta hay dos posibles vías… la primera será objetiva y no tendrá más que una salida. La segunda será subjetiva y ahí nos centraremos.

Una familia en un piso de dos habitaciones.

Empezamos por la primera, la objetiva, cuya respuesta es rotunda no porque queramos serlo sino porque las circunstancias nos obligarán a serlo. Si tu piso tiene dos habitaciones no podrás someterlo a discusión ni a debate. Si entendemos, por lógica, que una de ellas será para los padres, la otra, por fuerza, será para los niños.

En este caso os recomendamos las literas. Es una solución práctica y cómoda. A los niños les encantan y ganáis espacio en vertical. A quienes no tengan hijos no les estaremos descubriendo nada, pero quienes sí los tengáis comprenderéis que cada espacio que redescubramos en la casa es vital.

Vamos allá…

Para poder centrar la respuesta debemos tener claro que los números variarán en función de cada familia. Habrá padres con un piso de tres habitaciones y dos hijos, y padres con dos habitaciones y tres hijos. Si subimos las cifras las variaciones podrían ser muchísimas, pero nos centraremos en aspectos básicos y prácticos que os ayudarán a tomar la decisión.

Pongamos que vuestro piso tiene tres habitaciones y tenéis tres hijos.

La primera, ya lo hemos dicho, la destinamos para los padres que bien mereceréis un reposo al final de la jornada. Siguen quedando dos hijos y dos habitaciones. Entonces entran varios condicionantes e, insistimos, cada familia es un mundo. Pongamos un caso habitual: tienes una hija de 11 años y dos mellizos de 8. Peliagudo, ¿verdad?

También tengamos en cuenta que muchas veces nos gusta habilitar una habitación a modo de despacho, o estudio. Sobre todo si uno de los padres trabaja desde casa o se tiene que llevar parte del trabajo a casa.

En edades más tempranas la situación es más manejable. Cuando los hijos son más pequeños la solución podría estar en incluir una litera en la habitación. Habría dos camas bajas (para los pequeños) y una alta para la mayor. En este sentido habríamos resuelto el problema y habríamos ganado un buen espacio a la habitación al superponer una cama sobre otra. Además, en edades pequeñas la diferencia de edad puede daros algún dolor de cabeza, pero no un quebradero. Es cuando crecen cuando empiezan los problemas. De momento hemos aportado una solución, pero no dejará de ser temporal.

En varios sentidos. A saber,

El salto de edad implicará necesidades diferentes entre la mayor y los pequeños. Mientras los pequeños llegan a casa y su única preocupación es jugar y, con los años, empezar a hacer algunos deberes, la mayor ya necesitará un espacio propio para poder estudiar y asimilar buenos hábitos que la acompañarán para el resto de su etapa académica. Inconveniente: su grado de concentración menguará si sus hermanos están alrededor de ella jugando. En este caso convendría acostumbrarlos (a los pequeños) a jugar en la otra habitación o en el salón y destinar el cuarto a zona de estudio. Incluso, y quizás sería más cómodo, dejarles jugar en su cuarto y que sea la mayor la que estudie en el despacho de los padres, para que se pueda concentrar. De momento, a estas edades este será el mayo hándicap que encontraréis.

Pero los niños crecen. Sí… es algo que pasa sin darnos cuenta. Crecen y además ¡a qué velocidad! Y aquí empiezan los problemas. Mientras los dos pequeños siguen siendo unos niños, la mayor irá entrando en una etapa de pre adolescencia, sino adolescencia, que hará que sus hábitos y necesidades muten de un día para otro.

Es Ley de vida.

A partir de ese instante la cosa cambia y sería aconsejable iros planteando trasladar a la mayor a una habitación sola. Sabemos que suele ser una decisión traumática. Si la tercera habitación era vuestro “despacho” procuraréis retrasar la decisión hasta que sea imprescindible tomarla. Hacednos caso, cuanto antes se tome, mejor.

Adiós despacho y recuperaréis la paz en el hogar.

Todo es ponerlo en una balanza y veréis que son más los pros que los contras. Aunque sea uno de los padres el que tenga que trasladarse al salón, a la cocina o habilitar un escritorio en su dormitorio. Una vez tomada la decisión no os arrepentiréis y la hija mayor os lo agradecerá: podrá concentrarse para estudiar y tener la intimidad que todo adolescente demanda. Entramos en una fase de tensiones emocionales, cambios de carácter y estrés en los estudios y con los amigos y si dispone de su propio espacio vital mejor que mejor.

Esto en cuanto a un supuesto de varios hijos conviviendo en un piso con tres dormitorios. En el caso inicial, el de un piso con dos dormitorios es más peliagudo. Ahí solo caben dos respuestas y ambas son peliagudas: la primera, adaptarse a las circunstancias. No hay más leña que la que arde y habrá que buscar el modo de hacer converger todas las necesidades de niños, edades, juegos y estudios… La segunda implica una decisión más grave. ¿Nos compramos otra casa? Ahí está la madre del cordero. Porque al final todo lo decidiréis con una calculadora.

¿Podéis permitiros cambiar de casa por una casa más grande?

Prontopiso no puede ayudaros con respecto a los hijos. Pero sí os lo ponemos fácil a la hora de tomar esa “decisión traumática” para poderos permitir dar el salto a una vivienda nueva con, por lo menos, una habitación más. No somos pediatras ni psicólogos infantiles, pero de pisos sabemos algo y, sobre todo, de facilitar ese salto que a veces da vértigo. ¿Cómo? Ayudándoos a vender vuestra casa para comprar otra sin agobios. No es lo mismo buscar una solución a ciegas que saber que en un máximo de tres meses dispondrás del importe del valor de tu piso actual lo hayamos vendido o no. Somos la única inmobiliaria que te adelanta el dinero de la venta de tu piso para que afrontes la compra de la nueva sin temor alguno. Y sin agobios.

Puedes consultar el valor actual de tu vivienda pinchando aquí.